miércoles, octubre 27, 2010

No es mal comienzo.

Bienvenidos, bienvenidas. Políticamente correcto comienzo. Pero el final será terrible. Idiotizante. Sonido de pistolas mientras suena música de los sesenta. Viva el despotismo ilustrado. Barroco tú.

jueves, octubre 21, 2010

Un Traje de Franela

Sumido en un desmejorado y disminuido estado de conciencia. Así me encuentro. Perdido.

Sin rastro de raciocinio y sin gasto de racionamiento, no miento cuando digo que escribo recostado, mal parado, sin aliento.

Párrafo tras párrafo no cejo, ni pestañeo, con la onda de la ñ pronunciada, alterna, exagerada.

Y un espacio tras otro, comenzando éste con y, como tantas veces comienzo frases para goce y deleite nada más que propios. Pues el humor no entra hoy, aunque quepa, debido, quizás, a la excesiva y saturadora presencia de comas, minúsculas rayitas a falta de una mejor definición que ahora no encuentro, ni tan siquiera busco, cegado como estoy por el brillo singular que me ilumina, ciega y deleita, palabra hoy quizás ya muy trillada, en otras ocasiones denosta, likewise, anglicismo que ni se me subraya en rojo y se me desangra el ojo cuando lo miro.

Qué extensión. Qué maravilla.

Y de nuevo la y aparece y me guía, desconectado como estoy. Y deleita. Y añade. Y repite. Y restallan violentamente las llamas en mi mente.

Puesto que hoy no he soñado, me paro, borro, corrijo, exijo. Pero decido, y si mis anhelos, preciosa palabra, se resquebrajan como el hojaldre de aquella tarta, ahora en el cielo de las tartas. Y el rojo lo invade todo, por mucho azul que trate de frenarle. Hablamos sólo de colores, sensaciones tan a la vista como tornasoles.

El sentido es único, si uno quiere. O puede que no. Y no se explica, y tiene lírica.

Lo tengo asumido.

martes, octubre 19, 2010

Superado el centenar

Si quieres, te invito a cenar.

La lectura me produce un estado de vigilia insospechado. Yo que antes leía para olvidar. Olvidar que me acuerdo de todo lo que pasó aquella noche. Sumido en tediosas, en edificantes o en divagantes lecturas, mi mente siempre se evadía hasta perder el hilo de la historia, de los pensamientos plasmados por el autor, la autora, llegando a veces hasta la aurora. Elegí la noche para dormir, pero permanecí leyendo. Y nunca logré acabar un libro, me perdía en brumas ojerosas y no podía terminar el tomo, el capítulo, el párrafo, la frase.

De aquél, ni la primera palabra.

Pero entonces descubrí el sonido. Di en la diana. Tino naní na nino.

domingo, octubre 10, 2010

Cien

Un programa de misterio, música inquietante. Una película violenta sobre la indefinición. Y un ser maravilloso roncando en mi sofá.